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Buen apetito

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(George Bernard Shaw )

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domingo, 19 de octubre de 2014

Boletus edulis con foie


No conozco apenas nada de micología, tal vez porque no me ha llamado demasiado la atención. Quitando los champiñones, las setas y los níscalos no entiendo nada.
El caso es que me nos llamó a casa un amigo que había madrugado para coger esta variedad (creo que es muy solicitada en la gastronomía por chefs muy entendidos) para traerlos a casa y que yo las preparase. Le dije que no tenía ni idea de cómo hacerlas y que además no me daba mucha confianza. El caso es que se presentó con el “Veneno” en casa, con los ingredientes y nos las preparó.
Para paladares exigentes de verdad. Estaban exquisitas. Así que os dejo la receta por si tenéis ocasión de probarlas.


Os muestro las fotos de la  cosecha.
Se conoce también por el nombre de hongo blanco y seta calabaza entre otros nombres.
Se suele encontrar en bosques de pinos. Es una seta que puede alcanzar un gran tamaño como lo muestro en la foto que nuestro amigo encontró y que pesó unos 900 gr. (Sombrero puede medir de 7 a 20 cm de diámetro y el pie adquirir la misma altura)



Es muy apreciado e gastronomía y es el otoño el momento para cogerlas



Ingredientes
250 gr. de boletus edulis
150 gr. de pate de pato superior (foie)
1 diente de ajo
½ vaso de aceite de oliva
1 chorro de jerez seco
Sal
Miel

Preparación
Limpiamos el boletus con un paño húmedo. Separamos el tronco. Utilizaremos solo el sombrero. El tronco lo laminamos también pero al ser un poco más duro me han aconsejado congelarlo e incorporarlo a un guiso de carne.

Tronco


Laminamos también el sombrero


En una sartén honda ponemos a calentar el aceite y echamos el ajo picadito.

Antes de que tomen color incorporamos el boletus laminado y dejamos hacer.


Minutos antes vertemos el vino y terminamos la cocción. Ponemos el boletus en fuente. Repartimos por encima el foie, echamos unas gotitas de miel y servimos enseguida para que no se enfríe.

De acompañamiento un buen tinto de Rioja.

Sugerencias
Excelente  como aperitivo. Si queremos podemos revolverlo con huevos y tenemos la cena hecha

jueves, 16 de octubre de 2014

Platos Argentinos: ¿por qué se llaman así?

Dulce de leche. (un regalito que nos trajeron de su bella tierra

Una muy buena amiga argentina que ha estado varias veces en España, me envía estos platos típicos para que me vaya familiarizando con ellos. Me ha gustado y que mejor que compartirlo con los lectores y seguidores del blog. del blog.
Cuando ellos estuvierom¡n uno de los sitios que les llevamos fue a comer un buen cocido madrileño al Restaurante Malacatín, aunque si de algo puedo presumir es de mis cocidos modestia aparte, por cierto aún este año no he hecho ninguno. Pronto caerá.
A lo que íbamos, aquí os muestro algunos de los platos típicos, y el porqué de sus nombres. Muchos de ellos os recordarán a los nuestros y como el saber no ocupa lugar seguro que os encantarán.


Milanesa napolitana

En la década del 50 un restaurante ubicado frente al Luna Park tenía un cliente que llegaba siempre a medianoche para comer milanesa. Una noche el cocinero se excedió con la fritura y quemó la única milanesa que quedaba. Para evitar la ira de su cliente, al propietario del establecimiento –José Nápoli- se le ocurrió disimularla con jamón, queso y salsa de tomate y le propuso probar algo nuevo y especial: la Milanesa a la Nápoli. Al tipo le encantó y así nació uno de los platos más tradicionales de la gastronomía porteña. Con el tiempo la deformación en el habla la convirtió en milanesa napolitana.


Chimichurri

El chimichurri es la clásica salsa con la que se adereza la carne en los asados argentinos. ¿De dónde salió ese nombre estrambótico? Hay muchas versiones, pero la más conocida cuenta que se llama así porque quién la creó y comenzó a comercializarla en el siglo XIX, fue el inglés Jimmy Curry. Tan difícil le resultó a los criollos pronunciar su nombre, que directamente lo bautizaron Chimi Churri.
Aprovecho la cuña publicitaria de cómo se hace el Chimi Churri. Nos encanta en casa



Copa helada Don Pedro

La copa helada conocida como Don Pedro nació en el ya desaparecido restaurante Lo Prete, que se encontraba en Sáenz Peña al 700, en Montserrat. Don Pedro era un vecino que pedía siempre una bocha de helado de crema con una medida de whisky. El dueño del restaurante pensó enseguida en ofrecer el postre a toda su clientela, y la bautizó como su cliente.


Revuelto Gramajo

La historia, en el caso de este menjunje de papas, huevo y jamón, se remonta a la época de Julio Argentino Roca. Cuentan que el general estaba jugando una partida de cartas que se había extendido demasiado. El hambre empezó a apremiar y Roca le pidió a su edecán, un hombre obeso y adicto a la comida, Artemio Gramajo, que se las ingeniara para preparar algo. Y así sucedió: Artemio fue hasta la cocina, juntó restos de papas fritas con huevos batidos y cebollas, y llevó la mezcla a la mesa. Desde ese día, se habla del revuelto Gramajo.

Papas fritas a caballo

Este plato bien argentino nació en el barrio de Chacarita, en una fonda a la que acudían obreros y operarios de la primera fábrica de heladeras de gas que existió en el país. Acosada por la obligación de alimentar muchas bocas, esta mujer frió grandes cantidades de papas y huevos y las sirvió de ese modo a los trabajadores. El mote de “a caballo” fue por un detalle muy pequeño: el hombre que repartía las papas y los huevos era tan pobre que no tenía carro propio y hacía el reparto arriba de un caballo viejo.

Vigilante (el postre)

El famoso matrimonio de queso fresco y dulce de batata nació en 1920 en un bodegón de Palermo Viejo, que en esos años era cuna de malandras y compadritos. Esa cantina estaba a pasos de una comisaría y los policías iban allí muy seguido a cenar. El dueño del boliche bautizó el postre de queso y dulce como “vigilante” en honor a los muchachos de la ley.

Bolas de fraile

La desnudez de los frailes no tiene nada que ver con esta pelota dulce que siempre viene en la docena de facturas. Al igual que en el caso de vigilantes y cañoncitos, decir “bolas de fraile” era, a principios del siglo pasado, el modo de referirse irónicamente a la iglesia. Otros, en cambio, creen que esta factura se llama así porque los frailes llevan pompones (a decir verdad son cuerdas con nudos) en el cinto de la sotana. A ellos se los denomina “bornas” y muchos defienden a capa y espada que deberíamos hablar de “bornas de fraile”, no “bolas de fraile”.

Seguramente habrá muchos más pero no me llegaron más que estos.Si os apetece podéis ver en el blog los "Panqueques" que son una especie de crepes con dulce de leche y la Provoletta un queso a la plancha que está de vicio
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